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HISTORIA DEL TRIO RUBIALLÁ EN SANTUARIO
Nacimos cerca a cimas duras, en la enramada montaña y en una rústica casa de tejas tipo colonial, en forma de “T”. Era nuestro alegre hogar, construida por nuestro tío y nuestro papá, con madera y paredes de bosta y barro. Los valles y la arboleda, los pedregosos caminos que serpenteaban hacia el pueblo, eran el diario recorrido que hacíamos los hermanos para llegar a la escuela, mientras el viejo silbando alegraba a los peones recolectando el café y sembrando las semillas con ahínco y con su fe. De tarde y después del trabajo, las cuerdas del tiple resonaban en las manos de nuestro padre entonando un bambuco, una guabina, o un pasillo, mientras mi madre cocinaba frijoles con chicharrones que aromatizaban las tardes de estío. Éramos diez hermanos y algunos de ellos ya adolescentes, tarareaban canciones y llenaban de alegría el atardecer. Crecimos y fuimos practicando con la vieja guitarra y el tiple. En algunas reuniones familiares o simplemente en la pieza, nos reuníamos a ensayar muchas veces hasta que nuestro papá nos recordaba que había que levantarse a trabajar al día siguiente.
Los músicos de Pereyra y otras regiones de cuando en cuando visitaban Santuario, nuestro pueblo, y de ellos aprendíamos nuevas canciones, llenándonos de entusiasmo y agitando el deseo de llegar a tocar en algún escenario como ellos. Y de hecho Benigno, Evelio y Ramón ya formábamos un grupo musical, siendo convocados a realizar algunas serenatas. Nos pasábamos montando temas nuevos que algunos amigos, músicos, traían por ser del gusto popular. Una tarde apareció en casa Lázaro Hoyos, director de la banda del pueblo, para invitarnos a las clases de teoría musical gratuita, dictadas en la escuela a las 16 hs. Nos anotamos más de 10 personas que con entusiasmo veíamos la promesa de tener la banda propia del pueblo. Seguíamos asistiendo a clase, aunque varios alumnos habían renunciado quizás por la distancia que había entre el domicilio de algunos y el pueblo. Pero a pesar de todo, en nuestro hogar, allá en el campo, la música resonaba a la vez que colaborábamos en la rutina que demandaba el proceso del café. Pero nuestro padre se había convertido en un respetado agricultor y deseaba que nosotros le siguiéramos. Los sueños de él y los nuestros, eran diferentes. Reynaldo, nuestro tío, era el impulsor y colaborador y cuando se enteraba de algún espectáculo que debutaba en el teatro nos lo transmitía alegremente. Adolescentes quizás entre los 17 y 21, anhelantes, soñadores, en un bendito paisaje que arraiga por su belleza natural, con floridos bosques, ríos de infinita ensoñación donde inevitablemente se despiertan pasiones que se diluyen luego o se agitan al oír una melodía. En ese entorno, siempre de la mano de nuestro tío Reynaldo, tuvimos la oportunidad de acompañar a Leonardo, un cantante conocido en la zona. Luego de una semana de ensayos, con un buen repertorio listo para ofrecer un show al público ansioso, comenzamos la actuación con gran aceptación por parte de la audiencia del teatro. Sucedió que el cantante era bastante aficionado al aguardiente y promediando el espectáculo, empezó a desafinar en varias notas ascendentes y se nos hizo imposible continuar acompañándolo. Desde la platea empezaron a sentirse silbidos y gritos de rechazo, frente a lo cual Leonardo incómodo, abandonó el escenario sin decir una palabra. En ese momento el público empezó a pedir que canten “los Acosta” y terminamos el show con gran éxito, ejecutando temas de nuestro repertorio. Al día siguiente esta anécdota salió publicada en el diario de la zona. Esperanzados, soñadores y optimistas, seguíamos ensayando con Reynaldo, Lázaro y otros músicos para concursar en el evento que se llevaría a cabo posteriormente como “Música Regional”. Lo importante para el elenco fue ocupar el tercer lugar y los comentarios favorables de la prensa Manizaleña. A veces parecía extinguirse el fuego que nos impulsaba a buscar el sendero, a seguir sin equivocarnos porque nos faltaba el estudio y la experiencia. En consecuencia, oíamos la insistente voz de Reynaldo “lean lo que puedan, estudien” manténgase al tanto de lo que pase y no desmayen ante las adversidades. Mientras tanto, seguíamos trabajando en los cafetales y otras tareas del campo.
MIRANDO LEJOS En aquellos tiempos, la salud de nuestra madre se había deteriorado por un ACV y esa situación nos llevaba también a tener ambiciones de triunfar para poder ayudar en las necesidades de ella y su tratamiento, así como poder mudarnos a Pereira y estar más próximos a los centros de salud.
Entre tanto, seguíamos la vida igual y es así que caminando por la plaza, vimos la cartelera del teatro que anunciaba la presentación de un cantante llamado José Monsalve. Nuestro tío Reynaldo ya sabía que nos buscaban para acompañar a ese artista. Él nos dio la noticia y comenzamos los ensayos. José Monsalve fue un cantante lírico nacido en nuestro pueblo, Santuario, que luego de triunfar en Europa regresó a Colombia para realizar una gira por diversas ciudades. El espectáculo en el teatro en que lo acompañamos fue muy exitoso y allí nació la idea de unir a José Monsalve con los Hermanos Acosta y realizar actuaciones por todo Colombia. Con gran entusiasmo siguieron las conversaciones para concretar ese proyecto. Comenzamos a efectuar actuaciones con el grupo “Monsalve-Acosta” en los teatros de la zona, en radios, algunas serenatas y clubes de la zona. En esa época grabamos unos cuantos temas como demo, empezamos a adquirir vestuario artístico, nos tomamos fotografías en estudio, pero no lográbamos tener actuaciones importantes. Mientras, gestionábamos documentación para probar suerte en otros países. Debido a la escasez de actuaciones en Colombia, regresamos a Santuario esperando obtener las visas para viajar. Anclados en nuestro hogar de crianza y aguardando los papeles, no nos atrevíamos a comunicarle a nuestra madre, por miedo a la reacción de ella, nuestra decisión ya tomada. Esperando ver el llanto en sus ojos como respuesta, nos sorprendió, sonrío y nos dijo: “- No se olviden de Dios”. Mudos quedamos igual que nuestro padre que se hacia el indiferente. Actitud que abrió las puertas para que voláramos en plena libertad. Entre nosotros no hablábamos de novias o amores que pudiéramos tener. Eran secretos respetados aunque sabíamos que podrían explotar cual volcán pero nada de eso sucedió. La magia del amor por la música era más fuerte que todos los obstáculos del camino. Nadie reclamo nada. En una mañana, de pajarillos cantando, tres jóvenes subían con mirada vaga al bus rumbo a Pereyra donde esperaba José Monsalve. Pasaron muchos días sin tener noticias del conjunto. De hecho, Monsalve era el manager responsable y aplicaba su experiencia adquirida en Europa eficientemente. Al día siguiente, volaríamos a Bogotá para finalizar los documentos.
CRUZANDO FRONTERAS
El 5 de Abril de 1959, ya con los papeles en regla, viajamos hasta Ipiales, donde al día siguiente, cruzaríamos la frontera hacia Ecuador. Ese largo día transcurrió en un ómnibus que nos dejaría en Quito, donde nos hospedaríamos en la casa de un amigo de Monsalve. Por la noche cenamos un rico cuis con papas. Al día siguiente fuimos a una entrevista radial porque probablemente actuaríamos en una “boite” de Quito, actuación que no se realizó por no disponer de tiempo para promocionarla. Ya en Guayaquil hartos de calor, cansados de viajar, esperábamos el único barco que saldría hacia Perú. Aquella tarde y cerca del muelle, fastidiados, pisoteábamos a las miles de langostas que caían de todas partes y en medio de tanta espera, se sumaba el cuidado del equipaje ya que, advertidos por la policía, nadie se responsabilizaba. Al fin estábamos arriba de la embarcación sin asientos, pero con hamacas para cada uno. El cansancio nos venció y al son del oleaje escuchábamos que alguien interpretaba con su armónica una conocida canción. No teníamos miedo a las arañas ni serpientes que también viajaban en aquel barco bananero. Esa noche fue la mejor noche para descansar. No importaba nada. En medio de la selva, admirando cada flor, cada árbol y sus frutos, el canto de las aves creaban un ambiente de ensoñación. Pero a la vez nos causó enorme tristeza la cola de mujeres y niños para juntar agua de la única canilla en ese sitio. Las personas del lugar nos sonreían como dándonos la bienvenida. Éramos cuatro personas extrañas con su equipaje y sus instrumentos caminando hacia los controles Ecuador- Perú. El oficial a cargo, nos hizo varias preguntas, las que respondía casi siempre Monsalve, salvo Evelio que inventaba alguna para agradar. El oficial observó en silencio uno a uno nuestros papeles, luego lo miró a Monsalve y le preguntó: “¿así que vienen ¿en misión cultural ?. -Bienvenidos a mi país!”, saludó y se marchó. Sonrientes y amables empleados nos ayudaban con el equipaje para viajar a la ciudad de Talara donde nos quedaríamos un par de días. A la hora que llegamos la cocina del hotel había cerrado y los empleados se habían retirado. Salimos a buscar por las calles vacías y solo hallamos un lugar que vendían ceviche con choclo. Saboreamos y aprendimos que tenía mucho ají. Preparábamos, afinábamos y vocalizábamos a la vez, ansiosos por conocer al público Peruano y por ser la primera actuación fuera de Colombia. La Radio local, en la mañana, nos había entrevistado y así pudimos cantar varias canciones que la emisora repitió para darnos a conocer. Las actuaciones fueron frías, indiferentes, con un público extraño que aplaudió por educación. Los felicito señores nos dijo Monsalve, no fue un éxito pero tampoco un fracaso. Salió bien… Tal vez por ese comentario, enviamos una carta para la familia, para decirles que todo marchaba bien. Nos estaba asediando la nostalgia. Nos apenaba la situación de nuestra casa. Los recuerdos invadían nuestra mente confusa al hallarnos lejos entre extraños de habla hispana pero de acento diferente. Ignorantes campesinos, bambuqueros innatos del cerro Tatamá, que escuchaba el rasgueo del tiple de papá. Estos pensamientos a veces nos producían insomnio, mientras dormía el mundo. Sin embargo, las ganas de seguir el camino, impulsados por el anhelo de conocer y aprender la música de otros lares y difundir el folclor nuestro, aferrados a la idea de triunfar por la que dejamos el pueblo, el hogar. Estuvimos siempre de acuerdo y mientras caminábamos los caminos estudiábamos de la mano de José Monsalve y aprendíamos música y detalles del arte. El, hombre de experiencia, cantante lírico y profesor de música se empeñaba en hacer de los Acosta un grupo excelente. En Talara, una ciudad visiblemente en progreso, poblada de gaviotas que contribuyen a enriquecer el suelo, esperábamos ansiosos, afinando, cantando. Era la primera actuación en otro país, era el miedo pero también la emoción, que a pesar de todo nos daba fuerza y esperanza. El taxi llegó y nos condujo al lugar de actuación, donde nos esperaban elegantes damas y caballeros. Se acercaron a saludar los dueños del festejo y de inmediato los organizadores nos anunciaron y comenzamos a desarrollar el show. Varias personas aplaudieron sin fervor, otros nos felicitaron y no se logró el entusiasmo. Actuación fría, con un público frío y canciones aburridas, dijo Ramón,….Aplaudió Monsalve, irónico, pero nos felicitó por ser la primera presentación fuera de Colombia. Al día siguiente fuimos a la playa relajados a empaparnos de iodo y de sal recibiendo la energía de aquel mar inmenso. Dedicados totalmente al oficio, comenzamos a incorporar canciones que fuesen famosas y que transmitieran alegría intentando conquistar al menos parte del público. Entre tanto, Monsalve viajaba de ciudad en ciudad en busca de auspiciantes. Los resultados fueron buenos ya que una empresa contrató al grupo para el norte del país actuando en la radio y en teatros. Pudimos así pagar cuentas. Pero lo interesante era el entusiasmo reinante en el grupo: Algunas personas nos saludaban y se acercaban a preguntarnos si nos gustaba el Perú… obvio dijimos casi en coro, es un gran país y deseamos conocerlo todo. Transcurrieron más de cinco meses esperando conocer Lima en donde seguramente había más oportunidades. Pretendíamos realizar grabaciones, soñábamos con esa posibilidad. Había que terminar compromisos. Era extraño que Monsalve guardaba mucho silencio al respecto de grabaciones. Tan sólo hablaba de viajar a Europa donde él conocía a varios empresarios del espectáculo y no tenía deseos de seguir en los países latinoamericanos, donde parecía haber mas conflictos. Dejó entrever su descontento. Conocedores del espíritu artístico de nuestro líder y de su caballerosidad, confiábamos y sus decisiones eran respetadas. Sería la última presentación junto a él y por lo tanto balancearíamos las cuentas: Empezamos por Benigno: gastos en general nada; Ramón, lo mismo; Evelio cero… Y Monsalve “poca cosa me queda y aquí termina mi responsabilidad por el grupo”… Y regresó a Colombia por problemas familiares. “Les quiero desear buena suerte. Sabrán si regresan a la patria o siguen en el camino de la música. Yo no puedo y además son Uds poco compañeros.” (…) Preparada su valija, la tomó, un apretón de manos y se marchó dejándonos unos pesos a cada uno. Nunca comprendimos su actitud. Pero seguimos por los desconocidos senderos con fe en nosotros mismos, que reunidos un rato después, cenábamos con unos músicos que nos quisieron agasajar por la admiración y por el éxito logrado. Nadie preguntó nada en esa despedida y nadando sin saber, quedamos sin demostrar miedo. Los hermanos Acosta no planearon nada. Sin embargo, los músicos de aquella cena nos dieron unas cuantas direcciones de personas vinculadas con el espectáculo.
SOLOS
Nos instalamos en una pensión de esa capital y empezamos, después de unos días, a trabajar en una radio en la noche y en un hotel turístico Pasaron unos meses con poco trabajo pero en los que conocimos personas influyentes que nos guiaron. Carlos Bustamante: valiosa persona que conocía gente del ambiente deportista, había estado en Colombia y amaba nuestro país. Él nos prestó un departamento para que estuviéramos mejor que en la pensión. En ese lapso Javier Gonzales actuaba en otras ciudades, pero nuestra amistad seguía impecable. Desdichadamente, allá en mi pueblo, nuestra madre reclamaba la presencia de toda la familia. Norberto Acosta, (primo) nos envió un telegrama avisando la situación, telegrama que recibió el consulado de Colombia, que nos ubicó e informó al respecto y nos convocó para ayudarnos si queríamos regresar a Bogotá, no hasta Santuario. Pero ya era tarde: cuando fuimos notificados, había fallecido. Paralizados quedamos en un silencio sin poder hablar siquiera entre nosotros .Después de un largo rato, salimos a caminar por las calles solitarias de Lima en pos de un consuelo. Una pena inmensa jamás vivida se apoderó de nosotros, confusos, bebiendo el trago amargo de lo inevitable sin comunicarnos con la familia de Santuario: no era posible de inmediato. Pero había que seguir viviendo, había compromisos que cumplir y no quisimos involucrar a nadie. Las actuaciones seguían, ya eran nuestro oficio, aunque sufrimos críticas por desmotivadlas interpretaciones en esos días, debido a nuestro pésimo estado anímico. Entonces, pedimos disculpas al público y a partir de ese momento muchas llamadas hubieron en apoyo a nuestra decisión de no regresar. La nostalgia sería la cruz a llevar por el camino del amor. Jamás se puede olvidar el hogar y la tierra natal. Había poco trabajo pero nosotros continuábamos preparando temas con miras a grabar ya que había una posibilidad en una compañía discográfica de Lima. Grabamos después un simple pero no trascendió y quedó como material de presentación, aunque se promocionó debidamente. Siguiendo el impulso, pensábamos, conocer otros países, reconociendo el no estar preparados. Aún no nos liberábamos del capote campesino, causa de los miedos y la timidez que a veces nos llevaba al fracaso. En nuestras mentes estaba la idea de conocer a Chile, Uruguay, Brasil etc. A pesar del cariño por el Perú en donde teníamos gratas amistades. Carlos Bustamante, nuestro gran protector y amigo allí, se enteró de nuestro deseo de abandonar el país; molesto nos dijo: Si tienen un contrato…. sino quédense. Uds. son de mi familia. Habíamos mentido: no había tal contrato. Era necesario tomar otro rumbo. Habíamos actuado en varias ciudades sin que se nos abonara parte del dinero convenido con el empresario. Enterado Carlos Bustamante, organizó una despedida inesperada que nos llenó de emoción, al destacar la personalidad y decencia de los Hnos Acosta. Aportaron también dinero para el viaje. Fue una sorpresa, no hallábamos cómo agradecer aquel gesto: las pocas palabras que pudimos decir, el brindis y los abrazos se convirtieron en una animosa fiesta inolvidable.
CHILE El largo camino hacia la ciudad de Tacna, nos marcaba una nueva etapa sin que hubiésemos realizado nada importante. Después de muchas horas viajando llegamos y esa misma tarde cruzamos a Arica Chile sin reserva alguna. El taxista nos sugirió un hotel económico y allí fuimos. Preguntamos por lugares de turismo para actuar. El encargado del hotel después de muchas preguntas, nos sugirió hacer una presentación ese día en la cena y si gustaba, actuaríamos allí un mes. De inmediato aceptamos. Alegres preparamos todo y todo resultó bueno. Arica en aquel entonces era un puerto libre y la gente lo visitaba de todos lados. Ciudad para divertirse. Hermosas playas. Estuvimos varios días en actividad, hasta que el gobierno de ese tiempo cerró el puerto libre y la ciudad paulatinamente decaía, suspendieron los espectáculos, comenzaron las protestas y nosotros varados, sin trabajo, sin poder viajar a Santiago para intentar salir de la situación.
Trabajábamos en el Hotel una vez por semana para los turistas y lugareños, amantes del mar. Allí estaba el océano jugueteando con la playa, El Morro y su fresca brisa que a pesar de todo convoca a mucha gente en fines de semana. Varias veces intentamos viajar a Santiago pero nos exigían contrato de trabajo para poder transitar libremente. Logramos obtenerlo con un representante amigo. Establecidos en Santiago, empezamos a actuar en Radio Portales y otros lugares con una aceptación del público interesante. Nuestro objetivo era lograr grabar. Pasado el tiempo grabamos nuestro primer L. P. “Rumores de Serenata” para el sello internacional Odeón. Dimos un gran paso en nuestra búsqueda, con muchas posibilidades. Sin embargo, la compañía discográfica sugirió agregar repertorio alegre, bailable, aires tropicales y bullangueros, como la Cumbia e introduciendo otros instrumentos. Alebrestados, empezamos a preparar un segundo L. P. de urgencia ya que se comentaba del éxito de la cumbia.
Eran pocas las canciones del género tropical que teníamos. Le dedicamos tiempo buscando en viejos álbum, como lo habíamos hecho para grabar “Rumores de Serenata“. Al mismo tiempo nos escribíamos con nuestros dos hermanos Octavio y Juan, que salieron de Colombia después que nosotros, sin que nos viéramos en casi nueve años. Ambos conjuntos viajaron en diferentes periplos, en una aventura poco común. Poco después, recibimos una carta en la planeaban visitarnos, ya que estaban triunfando en Argentina con el Cuarteto Imperial y era fácil el encuentro. La visita se realizó en privado por pedido del representante. Cinco Hermanos Acosta, emocionados se abrazaron en el pequeño departamento donde vivíamos. Probar suerte en Argentina entonces parecía lógico, pero había que realizar las actuaciones programadas y terminar de grabar el segundo L.P. en Chile. La visita fue corta debido a los compromisos del Cuarteto Imperial en Argentina. Los Hermanos Acosta y El Cuarteto Imperial planearon entonces un encuentro en público, para promocionar a ambos grupos. Los hermanos Acosta estaban actuando exitosamente en Chile y sus seguidores románticos crecían. Sin embargo seguían terminando las grabaciones del segundo L.P. con temas bailables, apuntando a la cumbia, ritmo bullanguero de Colombia.
DESTINO FINAL: ARGENTINA Pasó un tiempo para decidir quedarnos o no en Chile dónde habíamos vivido más de siete años, rodeados de afectos. Todo estaba en orden pero era difícil avanzar y lograr lo deseado. De sorpresa, un día llegó un sobre conteniendo tres pasajes a Buenos Aires, con fecha abierta. Nuestros hermanos Octavio y Juan de Dios nos querían con ellos. Sin Previo aviso, ellos lo quisieron así. Las posibilidades eran tentadoras. Los Hermanos Acosta nunca retrocedieron, pero esta vez Benigno quería quedarse en Chile. Fue un balde de agua helada que nos cayó por esta vez tener diferencias al mirar el provenir. ¿Se derrumbaría todo ? Pasaron unos meses de silencio y duda de recuerdos, del hogar materno, de cosas vividas, de la familia de Santuario. La angustia se apoderó. No queríamos discutir. Posteriormente, nos reunimos para hablar y comunicar a la compañía discográfica nuestra inquietud. También estuvimos en el departamento del derecho de autor del cual éramos socios. Algunos amigos y seguidores nos preparaban una función de despedida sin saber si nos íbamos o no. Cuantos amigos quedaron en el largo camino de penas y alegrías … Al festejar la realización de un L. P. y por cada contacto con el público en las actuaciones. Paseaban por nuestras cabezas quizás, el agitar de pañuelos al levantar el vuelo del adiós, suplicando el perdón a todos los que pudiéramos haber herido. Pero nos fuimos y nos llevamos el amor recibido y dejamos un palpitar acelerado. Mientras cruzábamos la imponente cordillera de los Andes y aparecía la tierra Argentina, crecía la emoción, por lo desconocido y renacía la esperanza. El éxito del Cuarteto Imperial era descomunal en ese momento y estábamos viviendo un sueño y compartiendo lo que cualquier grupo anhela en éste oficio. Fuimos invitados a un programa televisivo, los cinco hermanos Acosta, que conducían los famosos Andrés Percivale y Mónica Mihanovich, programa de prestigio que nos abría grandes puertas.
Aunque hay momentos de nostalgia por vivencias lógicas después de un peregrinaje, en busca de algo mejor, Los hermanos Acosta continuaban cambiando el repertorio por uno más alegre y bailable e incorporamos instrumentos, ( bandurria, guacharaca , acordeón y varios de percusión ) Pero a pesar de ese cambio que se pretendía en lo musical, la parte estética y de imagen también necesitábamos ajustar. Los productores cuestionaban el nombre artístico “Los Hermanos Acosta”. Ya habían por aquel entonces varios grupos de Hermanos. EL TRÍO RUBÍ
Entonces Evelio, Ramón y Benigno, los hermanos Acosta, designaron el nuevo nombre artístico "TRIO RUBÍ ". Y a partir de allí se iría en pos de grabar. Se grabó un simple como "demo" y el representante artístico Antonio Morales caminó lo indecible para conseguir interesados. ¿Sería algo más del mismo tropical? . No. No era así. Había un claro estilo diferente, en instrumentos, en arreglos de voces, y repertorio nuevo de Colombia. Pasó un tiempo hasta que una tarde recibimos la grata noticia: grabaríamos el primer L. P. en Argentina . En ese entonces parecía que el destino señalaba los pasos a dar en cada acierto y en cada fracaso, aunque el trabajo de Morales y Los Hnos Acosta, difundiendo por las radios a la hora que fuere, ayudó junto con la empresa discográfica Music Hall al éxito conocido.
El TRIO RUBÍ (Ramón, Benigno y Evelio Acosta Arias) en su destino final Argentina, recorrió incontables escenarios de todo el país, grabaron 22 LP, varios simples, recopilaciones de éxitos, fueron reconocidos por S.A.D.A.I.C. (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) y fueron reconocidos con Disco de Oro, por el reverdecer de la música tropical. Estaremos siempre agradecidos a la música y a nuestro público por el camino recorrido. Ramón Acosta Arias |
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